Jesús Santrich levantó la huelga de hambre

Advierte en documento que se levanta la Huelga de Hambre, pero se mantiene la Protesta y la Alerta Carcelaria.

Por Hernán Durango/Bogotá

El jueves 20 de Julio 20 de 2017, calificado por Sanctrich como el día 25 de la desobediencia carcelaria por la dignidad y la libertad, el dirigente fariano procedió a levantar la Huelga de hambre en solidaridad y en exigencia de la libertad inmediata de todos los prisioneros políticos de las FARC conforme a lo establecido en el Acuerdo de Paz firmado por la insurgencia y el Gobierno Nacional.

Según informó el dirigente de las Farc, Iván Márquez, Santrich levantaba la huelga de hambre ante el compromiso del gobierno que los guerrilleros amnistiados salgan pronto de las cárceles.

EL DOCUMENTO DE SANTRICH ES EL SIGUIENTE:

“No hay mejor forma de alcanzar la libertad que luchar por ella”
Simón Bolívar.
Algún día celebraremos la verdadera y definitiva independencia.

PRISIONERAS Y PRISIONEROS POLÍTICOS,
PRESAS Y PRESOS SOCIALES DE COLOMBIA,
COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DE LAS FARC-EP,
A MIS COMPATRIOTAS.
“La indiferencia actúa poderosamente en la historia. Actúa pasivamente, pero actúa…;
La indiferencia es abulia, parasitismo y cobardía (…)
La indiferencia es el peso muerto de la historia”.
Antonio Gramsci.
Antes que todo, con un abrazo bolivarino, marulandista, fraternal y revolucionario quiero saludar, reconocer y valorar los esfuerzos ingentes que la Dirección Nacional de las FARC-EP y sus direcciones en Zonas y Puntos Veredales Transitorios de Normalización vienen realizando con el propósito de que se cumplan a cabalidad los compromisos derivados del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, preservando la cohesión y la unidad del movimiento dentro del camino que conduzca a la transformación en un partido que en la legalidad continúe luchando por la conquista de los propósitos que trazaron nuestros fundadores.
¡Viva la unidad de los farianos y farianas y del movimiento revolucionario colombiano!
Paso a lo siguiente:
El lunes 26 de junio de 2017, cerca de dos mil prisioneras y prisioneros políticos de la mayoría de los centros de reclusión de Colombia, con el apoyo de nuestra organización, emprendieron una jornada de desobediencia carcelaria contando para ello con 1200 insurgentes, que llegaron a ser 1450 en promedio, que declararon la huelga de hambre por la dignidad, la libertad y el cumplimiento del Acuerdo Final pactado en La Habana entre el Gobierno y las FARC-EP. Nuevamente la potencia plebeya de este pueblo heroico, evidenció su capacidad de lucha y el rechazo a toda forma de sumisión y humillación.
Luego de profundas reflexiones éticas y políticas, de manera personal y meditada, decidí unirme a este esfuerzo colectivo con una clara conciencia de las consecuencias que tal hecho podría tener sobre la salud, la familia y nuestra organización revolucionaria. Y sabiendo de la iniquidad y la perversidad de este régimen claramente caracterizado durante décadas como un régimen de terror, lo cual hace prever su despreocupación y mala fe en la implementación de la paz, y especialmente en el manejo de la huelga hacia una situación indeseable, consideré compartir algunas apreciaciones necesarias.

La primera, una sencilla idea sobre contenidos éticos esenciales. Diría al respecto, que para construir bases estables para la paz, debemos realizar grandes esfuerzos por cultivar emociones y virtudes como la solidaridad, la dignidad y la empatía. Porque la única forma cierta de mitigar el predomino del nexo mercantil y el provecho personal en las relaciones humanas es incrementando la colaboración y la ayuda mutua, el respeto hacia si mismos y hacia los demás, y la participación afectiva en la realidad ajena. Esto conlleva formar unidad en lo que somos, deseamos y podemos; implica hacernos cargo de las cargas de los otros, pero también tener la disposición a descargar las nuestras en los otros; compartir lo que se tiene sin someterlo al cálculo del interés personal, sino siempre pensando en el bien común; compartir también, desde lo que uno es, las luchas frente a las opresiones, marginaciones y fragilidades. Quienes vivencian la solidaridad hacen consciencia de las aflicciones, discapacidades, dependencias y vulnerabilidades de la condición humana. Los sentimientos que alimentan la solidaridad son la empatía y la compasión. La fuerza moral de la solidaridad se juega de forma decisiva en el cultivo y vivencia de estos sentimientos. O como diría el Che Guevara en alguno de sus interlocutores a lo largo de su vida, “no creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es mas importante…”. De tal suerte que la capacidad de identificarnos con los sentimientos y situaciones de los otros, con el sufrimiento del prójimo, de padecer con ese otro que aún no conozco, sin perder la distancia crítica, es una condición ineludible de la construcción de paz. Y en todo esto cabe resaltar, que no existen tantos horrores que alcancen la ignominia que ese de permanecer injustamente en la inhumanidad de la cárcel.

La segunda es una meditación política. La imaginación creadora de los pueblos ha generado múltiples formas de resistencia a la opresión, la injusticia y la sumisión; como también diversos tipos de acción política, cuando la palabra y la deliberación muestran su insuficiencia. Son innumerables sus tipos: desobediencia civil; objeción de consciencia; paros; tribunales; huelgas; tomas; participación parlamentaria; plantones; revoluciones, etc. La huelga tiene una larga tradición en este acervo de luchas de los pueblos y existen también diversos prototipos como las huelgas generales revolucionarias, huelgas políticas, laborales, de brazos caídos, de vientres, etc. La huelga de hambre tiene ciertas peculiaridades que debemos comprender. Es una forma de protesta y rebeldía pacífica contra algo que se considera injusto, ilegítimo o inaceptable, con un papel importante de la voluntad y la resistencia individual y que cuestiona el sentido mismo de la vida. ¿Acaso tiene sentido existir en una sociedad con tanta ignominia e injusticia? ¿Nuestra comprobada voluntad de paz no exige acaso también un trato digno? Eso es lo que esperamos que ahora se entienda para que este régimen deje de actuar con tanta desidia y perversión.

La dignidad es un valor incondicional para la convivencia humana y para la construcción de paz. No se puede concebir la práctica política sin ese tesoro y faro de las relaciones humanas. Estamos obligados a actuar respetando a todas las personas en su condición inherente de dignidad, como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio. El día en que los seres humanos sean solamente un precio sin que nadie se inmute por ello, sinceramente, para un revolucionario eso seria como aceptar estar muerto en vida. Los farianos y farianas hemos hecho dejación de armas pero no de nuestros propósitos libertarios y mucho menos de nuestra dignidad.

Hoy, luego de 25 días de jornada de protesta, ese gesto de rebeldía que se inició al cierre de junio, ha convocado a miles de luchadores populares. Cerca de 1.900 prisioneros y prisioneras se encuentran en desobediencia carcelaria y un número promedio de 1.350 mantuvieron la huelga hasta lograr una reacción sensata del Estado que permita superar los obstáculos que impiden real o fictíciamente la libertad de las prisioneras y prisioneros.

Hoy, como un triunfo de la persistencia de nuestros compañeros y compañeras, de nuestra Dirección Insurgente y de la solidaridad nacional e internacional, el gobierno ha producido el Decreto 1252 del 19 de julio de 2017. Con este paso creemos posible levantar la huelga de hambre contando con que de manera expedita se concrete la liberación de todas y todos los compañeros beneficiarios de los Acuerdos de paz. No obstante se mantiene la desobediencia carcelaria esperando ver hechos concretos, gente en libertad, respeto a la dignidad, implementación cierta de los Acuerdos sin más obstrucciones, en los términos y con la buena fe que fueron suscritos por nuestra fuerza insurgente, con reciprocidad y cumplimiento de la palabra empeñada, porque es que tanta desidia en estos asuntos ya no se puede estar paliando con promesas vanas.

Me despido cordialmente y con determinación de alcanzar la paz con dignidad, evocando en esta hora los consejos de El Libertador: “para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”.

Jesús Santrich.

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