Álvaro Uribe: El señor del NO a la paz.

Por.  Tony López R (*)

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El pírrico triunfo del NO a la Paz, en el plebiscito del pasado 2 de octubre en Colombia, era un resultado  impensable, al menos en la conducta de la racionalidad política y social en cualquier parte de nuestro Universo, menos en Colombia, una sociedad aquejada y víctima de un largo conflicto social y armado por cerca de 68 años, exactamente iniciado en 1948 cuando el 9 de abril de ese año, fue asesinado  el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Téngase en cuenta que de los 46 millones de habitantes, el 94%  han nacido después del año 48 y  vivido bajo los efectos de una guerra fratricida, desarrollada en zonas alejadas de las grandes ciudades, mientras que los citadinos si bien no padecen de los efectos de ese desbastador conflicto armado, son víctimas de la guerra mediática pagada por sectores de una oligarquía corrupta y comprometida con grandes  intereses transnacionales, ganaderos, terratenientes feudales que se benefician con el conflicto armado, incluido el narcotráfico y las fortunas que ese negocio  genera para  diversos sectores  económicos, entre ellos el financiero, grandes comerciantes y empresariales, que coaligados,  a influyentes segmentos de la clase política corrupta financiada por esos oscuros intereses económicos, no les conviene una paz solida y duradera.

Muchos artículos y trabajos periodísticos han expuesto sus puntos de vistas sobre el resultado del plebiscito, y tratan de buscar explicaciones,  pues nadie podía entender que una parte importante de la población colombiana pudiera votar en contra de la paz, trataremos en nuestro análisis entregar algunos elementos que llevaron a esa parte de la población colombiana a  votar por el NO.

Varios son los factores que incidieron en el voto negativo ante la consulta gubernamental. Pero indudablemente uno de los más importante ha sido la carencia de una política pedagógica a la población sobre la marcha, desarrollo y acuerdos que iba tomando  la Mesa de Dialogo  durante sus sesiones en La Habana,  así como no aceptar la   participación a representantes del movimiento social y popular colombiano en dichos diálogos, este fue uno de los temas en disputa en  la Mesa,    solicitado por  las FARC-EP a lo que el Gobierno se opuso.

Esa carente política pedagógica y participativa de las representaciones del pueblo y de una efectiva divulgación de lo que se venía tratando en La Habana, fue utilizado para manipular,  distorsionar, controvertir y  mentir  en una fuerte campaña en contra del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP, llegando a sembrar muchas dudas sobre las  conversaciones que se desarrollaban en la isla.

Así, era muy significativo que esa campaña difamatoria publicara que existían acuerdos secretos entre el Gobierno y las FARC-EP, que conducirían a la impunidad de los crímenes de la guerrilla, que se daría oportunidad a que las FARC-EP se adueñara de tierras y afectara a sus  propietarios, y que Colombia, se convertiría en una nueva Venezuela, donde el Castro-chavismo introduciría el comunismo,  estas en esencia fueron las principales ideas sembradas por una buena parte de los medios masivos de comunicación en Colombia.

Otros elementos que condujeron a estos resultados fueron la precipitación del gobierno en desarrollar un plebiscito, sin antes consensuar y hacer una labor  con todos los actores políticos y sociales, no solo de la izquierda, sino también con los Partidos tradicionales, incluido el oficialista Partido de la U, los liberales y conservadores, incluso la disidencia liberal integrada en el partido Cambio Radical que preside Germán Vargas Llera y actual vice-presidente de la República,  cuya reserva sobre los Diálogos de La Habana son conocidos públicamente, tal es así que el presidente Santos tuvo que hacerle un llamado para que se pronunciara abiertamente a favor del SI.

Todo ese trabajo era importante acometerlo y no hubo tiempo para hacerlo, las propias internas políticas con vista a las presidenciales del 2018 al parecer fueron un obstáculo y ello también pesó  para que el NO tuviera un  éxito misérrimo, pero éxito al fin. La costa atlántica ha sido históricamente liberal y Cambio Radical tiene también un importante peso en ese territorio. Es significativo que en esa zona la abstención haya sido de un 71% del electorado o sea 8% más que la media nacional que fue del 63%,  esa abstención en la costa atlántica y en otros territorios que siempre han sido nichos liberales, favorecieron el resultado negativo.

Otro factor para que muchos votantes se inclinaran por el NO,  ha sido la campaña desarrollada durante muchos años  contra la guerrilla de las FARC-EP y el ELN, organizaciones  satanizadas por el poder mediático de la derecha colombiana, especialmente durante los gobiernos de los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango, mandatarios que fracasaron en las negociaciones que iniciaron con estas  organizaciones guerrilleras durante sus gobiernos y  máximos responsables del recrudecimiento de la guerra en su país. Pastrana  abrió las puertas a la intervención militar  estadounidense con el conocido Plan Colombia y Uribe Vélez,  continuador de la política pastranista, al desarrollar diversas operaciones militares contra las FARC-EP en el sur del país,  la más importante y más grande operación militar contra esa guerrilla fue el Plan Patriota, cuyo fracaso ha demostrado que no hay solución militar del conflicto social y armado en Colombia, que la única salida es la negociación política y la paz. Mientras, que además, abrió las fronteras del país para instalar en territorio colombiano numerosas bases militares a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que significan un peligro para la paz  regional y una afrenta para la soberanía nacional colombiana.

Luego de cuatro años de intenso trabajo y fuertes debates internos, donde el Gobierno sacó provecho, porque logró mantener un principio básico del sistema,  imponer su agenda,  y no aceptar cambios estructurales, especialmente el  modelo económico neoliberal,  ni la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, que la insurgencia exigía. Si bien en la Mesa de Diálogo en su primer punto, se lograron importantes acuerdos de carácter económico, para muchos sectores de la sociedad colombiana afectados severamente por el modelo neoliberal, no están satisfechos con lo acordado, lo cual puede haber incidido en el alto nivel de abstención.

Mientras que la convocatoria a una Asamblea Constituyente era clave para que el proceso fuera refrendado democráticamente y en un debate de los constituyentes, para aprobar unos acuerdos que, si bien, no lograban todos los objetivos de la guerrilla, sí permitía que en ella se debatiera al menos algunos puntos que no se habían alcanzado en la Mesa de Diálogo y lo más importante, una Constituyente hubiera convertido la política de paz, emprendida por Gobierno y FARC-EP, en una política de Estado, diferente a un evento plebiscitario cuyos acuerdos pueden ser revocados por el próximo Gobierno si éste no está de acuerdo con lo pactado.

Si bien el Gobierno convocó a un referéndum con la seguridad de que la sociedad colombiana votaría  favorablemente para aprobar los Acuerdos de  La  Habana,  los resultados no fueron lo esperado, solo de los 35 millones de electores habilitados para votar acudieron a las urnas 12, 844,406 millones, divididos en el 0,5 por ciento para el NO y 0,4  votaron por el SI, lo cual daba una muy  estrecha ventaja al ganador.   Hay que decir que   se abstuvieron  22,155, 594 millones, esto implica que solo  el 0,1 por ciento de los habilitados para votar acudieron a las urnas.  Con estos resultados los opositores al NO,  no pueden imponer condiciones como ha sido expresado por el senador Uribe Vélez, al abandonar la Casa de Nariño, luego de una reunión de más de tres horas con el presidente Juan Manuel Santos Calderón y sus ministros.

Teniendo en cuenta lo arriba señalado, tampoco puede considerarse que el ex presidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, sea el ganador y que los votos cosechados por el NO sean fruto de un respaldo a su política contra la paz y los Acuerdos de La Habana, debe estimarse que una insuficiente política pedagógica del gobierno sobre los acuerdos alcanzados en La Habana y firmados en Cartagena de Indias el pasado 26 de septiembre y una campaña desinformativa, manipuladora y falsa sobre dichos  acuerdos, ha sido entre otros los ejes fundamentales de tan lamentable resultado.

Pero mucho menos si se tiene en cuenta que “el plebiscito no tiene ningún valor jurídico, la Corte Constitucional colombiana, manifestó claramente que el referéndum no tenía ningún efecto jurídico, y tan solo atañe políticamente al presidente Santos, quien se comprometió a realizarlo. Lo que está fuera de toda discusión es la validez del pacto acordado en  La Habana  el 24 de agosto del 2016. Prueba de ello es que la consulta ha sido una decisión unilateral del Presidente y no fruto de las conversaciones de La Habana.” Así lo declaró en una entrevista el jurista español Enrique Santiago,  asesor de las FARC_EP al portal madrileño Publico.es.

La opinión pública colombiana e internacional debe tener en cuenta que los diálogos de paz en La Habana, han tenido un enorme consenso y apoyo internacional, ningún proceso de esta delicada naturaleza, ha recibido tanto apoyo, comenzando por el Papa Francisco, pasando por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Asamblea de la ONU y su Secretario General Bank Ki Mon, la Unión Europea,  Rusia, China y Estados Unidos, UNASUR y la CELAC, así como el respaldo de los gobiernos latinoamericanos  y caribeños representados en Cartagena de India por  sus distinguidos presidentes, durante la firma del Acuerdo General de La Habana, así lo han patentizado.

La imparcialidad, apoyo solidario, humano y profesional a las partes, otorgado por los países garantes y acompañantes, en especial Cuba y Noruega, cuyos gobiernos han sido un indispensable factor en la búsqueda de facilitar  los acuerdos para una paz estable duradera y justa, es una prueba y manifestación importante de que el llamado de la Celac en La Habana, hace dos años, de declarar a Latinoamérica y el Caribe zona de paz, es un clamor de los pueblos y gobiernos de nuestra región, que se hizo absolutamente patente con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz, al presidente Juan Manuel Santos, exactamente al día siguiente de las elecciones plebiscitarias, fue como un aldabonazo a tan repudiable resultado, también expresado, en la jornada estudiantil y juvenil, a la cual se unió el pueblo bogotano en la Plaza Bolívar,  pidiendo por la paz, fue como retrotraer a la conciencia ciudadana colombiana la Oración por la paz, desgranada en su último discurso por el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, ante una multitud  similar,en aquel nefasto año 1948.

Para Uribe Vélez y Pastrana Arango, esa pírrica victoria tendrá a futuro un sabor amargo, por varias razones, ambos políticos han quedado como los principales defensores de continuar una guerra fratricida y desafían  a toda la comunidad internacional  arriba mencionada  que   apoyan los Acuerdos y la paz en Colombia.

Afortunadamente Gobierno y Guerrilla han declarado que continuarán trabajando por poner en práctica los Acuerdos a los cuales han arribado, en principio, el cese bilateral de fuego que estaba establecido para el 31 de octubre ya ha sido anunciado por el Presidente que será prorrogado y los organismos internacionales en este caso la ONU y UNASUR se encuentran en el terreno para verificar dicho cese de fuego y continuar el cronograma propuesto en los acuerdos.

El inicio de los Diálogos de Paz con el ELN  el próximo 27 de octubre en la ciudad de Quito, Ecuador, es otro hecho político importante y favorable, que demuestra que gobierno e insurgencia están trabajando para terminar el conflicto armado en Colombia y contribuir a trabajar por un país  incluyente, solidario y pacifico.

 (*)  Periodista y Analista Internacional.

Contactos: 3114778351
Hernan Durango Patrillau/ Redacción Bogotá

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