DESARMANDO EL ESPÍRITU

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Por: Aura Lucía Mera

Sandra Inés Henao. Esta mujer, esposa del general Flórez, líder de la negociación del cese al fuego en La Habana nos acaba de dar una lección de amor, dignidad, entereza y valor, que llega al corazón e invita a la reflexión.

Su carta a su marido, publicada en La Silla Vacía está dirigida también a los colombianos, porque nos comparte sus angustias, dolores, miedos y nos invita a cesar esta guerra absurda. Me tomo el atrevimiento de condensar algunos de sus pensamientos para que reflexionemos y le demos la bienvenida a los acuerdos de paz, oficializados ayer en Cartagena.

“La historia lo dirá. Si alguien me hubiera dicho que creer en La Paz era tan difícil, nunca lo hubiera creído. Cuando estuve en la guerra, porque estuve en la guerra pura, era fácil. Pensar que era el único camino posible.

¡Vivir con miedo. Temer por la vida. Temer. Odiar. Estar dispuesta a disparar un arma. Era como estar dispuesta a amputar parte de mis dedos, porque no había otra opción. Luchar por defender el hecho de que las armas disparadas tenían justificación, porque así crecí.

Porque la lucha era la solución. ¡Aunque veía la sangre de mi pueblo derramarse en los caminos de mi patria! Aunque vivía en velorios y en entierros. Aunque abracé tantas viudas y huérfanos. Y familias de secuestrados. Y amputados que partían mi corazón en mil pedazos.
Lloraba con las madres desmadradas, porque no hay nombre para las mujeres que entierran a sus hijos.

Vi en muchas paradas militares entregar una bandera de honor. Muy merecida, pero que no ahoga la verdad de entregar un hijo por la guerra. Y siempre me decía yo no quiero esa bandera. Le rogué a Dios por morir al lado de mi esposo pero de viejos. Cultivando, viajando, no por una bala. No fue así. Una nueva misión nos dieron Dios y el Presidente de Colombia. ¡Luchar por la Paz!

Hacer historia. Tratar de reconciliar el pueblo colombiano. Tratar de devolverle a Colombia los hermosos parajes que conocí en la guerra. Para mostrárselos algún día a mis nietos.
Este gobierno nos dio la oportunidad de pensar que había otra manera de vivir. Y mi esposo, el más grande guerrero, comprendió que era posible hablar y llegar a acuerdos sin disparar y sin derramar sangre. Desarmando el espíritu y hablando con el enemigo eterno. Poco a poco vimos que el milagro era posible. En enero pregunté en el Hospital Militar cuántos heridos de combate teníamos y me dijeron ¡Cero! ¡Tuve que sentarme a llorar! No habíamos recibido ninguno.

Quería contarle al mundo. A los que nunca han abrazado a un ser humano destrozado, oliendo a sangre. A los que nunca han ido a un entierro de soldados, policías o infantes. Quería gritar, ¡esto es un milagro!

¡Desarmé mi espíritu! ¡Desarmé mi alma! Y decidí creer. Creer. Creer. Pero nos han tratado tan mal a veces. Ahora somos los vendidos porque no queremos más guerra. Porque entendimos que hablando, perdonando, acordando, le damos una nueva oportunidad al país.
No ha sido. No será fácil. No está inventada La Paz. Porque nunca nuestras generaciones hemos vivido en Paz…”.

Invito a todas las mujeres colombianas a reflexionar sobre estas palabras. A título personal, y jamás he tenido un hijo en la guerra, ni mi familia sufrió jamás los horrores del desplazamiento forzoso, ni ningún pariente se convirtió en un cuerpo inflado flotando río abajo, ni he vivido en carne propia el secuestro, quiero felicitar, con lágrimas en los ojos y el corazón arrugado, a todos los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia. A la Policía Nacional por haber apoyado este proceso de paz ,a pesar de haber perdido miles de jóvenes en la guerra. A pesar de haber recibido incontables heridos mutilados, semidestrozados por las bombas, a pesar de haber sido asediados, emboscados, asesinados a quemarropa.

Gracias una y mil veces. Gracias por haber aceptado querer construir un nuevo país en el que tengamos cabida todos. Vendidos y traidores son los que quieren continuar con esta lucha, polarizando y mintiéndole al pueblo con falacias. Ellos son los verdaderos traidores de la Patria y algún día la historia se los cobrará.

¡Gracias general Flórez. Gracias Sandra Inés!

Contactos: 3114778351
Hernan Durango Patrillau/ Redacción Bogotá

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